Entrar en Essaouira es como viajar a otra época. Muros blancos, puertas azules, callejuelas que invitan a perderse y el aire salado del Atlántico. La antigua Mogador es historia, artesanía y calma, todo a la vez.
Historia y mar: una ciudad con muchas capas
Su ubicación atlántica la convirtió en punto estratégico para comercio y navegación. En la época moderna hubo presencia e intereses portugueses en esta costa. En el siglo XVIII, Essaouira tomó su forma más reconocible: un puerto fortificado y planificado, con influencias europeas en sus defensas, pero con alma marroquí.
La Skala y las murallas: cañones frente al océano
Pasear por la Skala de la Kasbah es imprescindible: vistas al mar, viento, y una fila de cañones históricos. Entre ellos hay piezas de origen neerlandés, fundidas en La Haya, un guiño sorprendente a las antiguas conexiones marítimas internacionales.
El puerto: pescado a la parrilla
Barcos azules, gaviotas y el ritmo del puerto. Aquí el plan es claro: elegir el pescado del día y comerlo recién hecho a la parrilla con limón y especias. Sencillo, fresco y delicioso.
Artesanía y creatividad
Essaouira destaca por la madera trabajada y los incrustados. Talleres y galerías llenan la medina de una energía artística muy especial.
Riads y callejuelas: sensación de “volver en el tiempo”
Detrás de puertas discretas aparecen preciosos riads con patios y terrazas. La medina es compacta y agradable para pasear sin prisas.
Festival Gnawa: música que se siente
Cada año, el festival Gnawa llena la ciudad de ritmo y emoción, con conciertos y un ambiente único.
Si buscas un Marruecos auténtico y tranquilo, Essaouira te va a enamorar.